Vuelvo a escuchar el pitido constante de las máquinas, ese sonido agudo y rítmico que corta el silencio del cuarto como una aguja. Durante unos segundos no sé dónde estoy. Todo se siente pesado… mi cuerpo, mis párpados, incluso el aire que entra a mis pulmones.
Un olor fuerte a desinfectante llena mis fosas nasales.
Abro los ojos lentamente, parpadeando varias veces hasta que la luz blanca del hospital deja de lastimar mi vista. El techo es completamente blanco y por un momento solo me quedo ah