67: La libertad.
—Eres libre, Lucía.
Las palabras caen entre nosotros como algo pesado.
Por un segundo no entiendo lo que acaba de decir.
Lo miro.
Busco en su rostro alguna señal de que está bromeando, de que en cualquier momento añadirá algo más… que me dirá que me quede, que esto no termina aquí.
Pero Víctor Moretti no es un hombre que explique sus decisiones.
Su rostro sigue igual de firme, igual de frío.
Y entonces entiendo.
Realmente me está dejando ir.
El aire frío de la madrugada me roza la piel