Capítulo 21: La Verdad.
Las últimas luces de la tarde se aferraban al horizonte, pintando el cielo de tonos rojizos y lívidos.
Las bolsas de compras, repletas de ropa nueva y de diminutos atuendos para bebé, llenaban el asiento trasero del coche, testigos mudos de una jornada inusual. Amelia miró a Noah, la urgencia tiñendo su voz.
—Debemos decirles ya lo que sucede, Noah —dijo, la determinación en su voz. Señaló las bolsas—. Especialmente a mi tía y a la señorita Mía. Mira todo lo que hemos comprado, ya no puedo segu