El eco de sus propios pasos la acompaña por el pasillo hasta su departamento. Giorgia abre la puerta con lentitud, deja las llaves en la mesa de la entrada y se apoya contra la pared por un instante, cerrando los ojos. La cena ha terminado hace apenas una hora, pero en su interior sigue latiendo una incomodidad difícil de explicar.
Se esforzó tanto para que todo saliera perfecto: la comida, la mesa, los vinos, la conversación. Había querido que fuera una velada en la que ambos padres pudieran c