Como el chófer de Joseph se fue y quedaron en que al final de la cena vendría a buscarlo para llevarlo de regreso a su casa, Julian se ofreció a llevarlo él mismo, para así aprovechar la excusa y encararlo por lo que hizo en la cena.
El coche avanza por la avenida iluminada, pero el silencio dentro es tan denso que parece absorber el ruido del tráfico. Julian conduce con el ceño fruncido, apretando el volante con una fuerza contenida. Su padre, sentado en el asiento del copiloto, observa por la