Era viernes. Luciano estacionó su Astor Savvy Pro en el montón de autos del sótano del Grupo Vannicelli. Al entrar, saludó a varios empleados; todos lo miraban con respeto y algo de admiración, subió en el ascensor privado, que lo llevó a su antigua oficina. Cuando el ascensor se detuvo con un suave ding, Luciano ajustó los puños de su chaqueta con una calma forzada y dio un paso adelante.
El pasillo de mármol se abrió ante él como un eco de otra época. Todo allí olía a pasado. A éxito. A esfuer