El estudio estaba en completo silencio. Gabriele se apoyó en la repisa de madera pulida, mirando el espacio frente a él con una mezcla de orgullo y asombro. Todo había salido mejor de lo que había imaginado. Las paredes altas, los ventanales que dejaban entrar la luz como si el sol mismo quisiera ser parte de la inauguración, las piezas cuidadosamente seleccionadas... cada rincón contaba su propia historia, un pedazo de su vida junto a Luciano.
—¿Cómo llegamos hasta aquí? —preguntó en voz baja.