Al día siguiente, Gabriele despertó sintiendo algo diferente. No era solo alegría, sino una sensación más profunda. Como una mezcla tranquila de felicidad y expectativa, como si la idea de mudarse con Luciano a una ciudad nueva le hubiera abierto un espacio brillante en el pecho. Sentía que su alma, aunque todavía marcada por cicatrices, se había envuelto en una manta cálida, que le daba consuelo. Algo en su interior comenzaba a encontrar su lugar. Las piezas dispersas, rotas, de su historia, p