Donde empiezan los siempre
El Palm House del Brooklyn Botanic Garden brillaba cálidamente a la luz del atardecer, como si fuera una cúpula de cristal que atrapaba un pedacito de cielo. Afuera, los cerezos empezaban a dejar caer sus últimas flores, que caían con una gracia pausada, como si supieran que ese momento merecía durar un poco más. Los caminos empedrados guiaban a los invitados entre jardines secretos, estanques tranquilos y esculturas escondidas entre los helechos. Todo olía a tierra fresca, a peonías abiertas y