Solo habían pasado unos días desde que Gabriele había vuelto, pero sentía como si el tiempo, de repente, hubiera empezado a tener sentido. Luciano lo llenaba de detalles, de momentos pensados con tanto cuidado, como si tratara de reparar cada uno de los días que había perdido. Fueron al cine, a cenar, a exposiciones de arte donde las luces suaves y los cuadros enormes parecían hablarle directamente al corazón. Luciano no escatimaba en nada: le regaló un coche, sí, pero más que eso, le regalaba