Luciano y Gabriele partieron tomados de la mano, con la sonrisa todavía fresca en sus rostros. La boda, los votos, el invernadero que ahora era un recuerdo hermoso guardado en cristal. Pero no porque olvidaran, sino porque todo esto lo llevaban profundamente en su piel. Era el comienzo de algo nuevo: su luna de miel, una promesa que iba más allá de las palabras.
Eligieron una isla tranquila en el Mediterráneo, de esas que no suelen aparecer en las guías turísticas. El mar tenía un azul tan inten