Después del juicio contra los Zaharie, Gabriele se sentía mucho más tranquilo. Por fin, esas personas que tanto daño le habían hecho comenzarían a pagar, sobre todo Azzurra. Sin embargo, el miedo seguía acechándolo en algún rincón de su mente, como una sombra persistente. No lograba entender del todo esa sensación: parecía como si la amenaza no se hubiera ido del todo, como si la herida aún no supiera que ya podía empezar a cerrarse.
Aunque las sesiones con su psicólogo le habían ayudado a ide