Gabriele despertó sobresaltado, los ojos pesados y la mente nublada. Su habitación, normalmente un refugio, se sentía ahora como una jaula. Las paredes, con su azul claro habitual, parecían cerrarse a su alrededor, amplificando el eco de sus propios pensamientos. Cada rincón de ese espacio le recordaba la pesadilla de la noche anterior, el caos de su propio ser desbordado por el alcohol y las malas decisiones. Su cuerpo estaba agotado, pero su mente no dejaba de correr, como una rueda que no po