La noche que lo arruinó todo
Gabriele apenas podía respirar mientras bajaba del coche, tambaleándose un poco. Adriano intentó ayudarlo, pero él se apartó con un gesto brusco. No quería más contacto, ni cometer más errores. Se quedó unos segundos en la acera, mirando el Aston Martin como si con solo desearlo pudiera borrarlo, como si eso pudiera eliminar también toda la culpa que sentía. Pero no había forma. La puerta del auto se abrió antes de que pudiera reaccionar, y allí estaba Luciano, con la luz del interior del coche