El aire fresco de la mañana acarició la piel de Gabriele, cuando el avión tocó tierra en el pequeño aeropuerto del pueblo. Un carro los recogió, la vista desde las ventanillas era impresionante, colinas verdes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. La belleza del paisaje impresionó a Gabriele.
—Ya casi llegamos —dijo Luciano con una sonrisa cómplice mientras abrochaba su cinturón de seguridad, Gabriele lo miró y sintió emoción. Todo parecía estar en su lugar y la idea de estar en est