Escapemos juntos
El sol entraba tímidamente por los grandes ventanales, filtrándose entre las cortinas de voile blanco, sus rayos de luz se deslizaban por las paredes tapizadas en terciopelo. La cama amplia se alzaba en el centro de la habitación, vestida con sábanas que olían a cedro y sándalo. Gabriele abrió los ojos lentamente, aún aferrado al calor de los lienzos del sueño. La noche anterior volvió a él como una secuencia difusa, pero imborrable, fragmentos de caricias, suspiros entrecortados y la voz grave