Una semana después, la ciudad parecía contener el aliento, como si toda ella estuviera a punto de explotar en cualquier momento.
El juicio empezó en medio de un cielo gris sobre Milán, como si incluso el clima supiera que ese día nadie saldría ileso. Gabriele caminaba entre los pasillos del tribunal con la cabeza en alto, pero sus manos temblaban dentro de los bolsillos de su abrigo negro. Iba acompañado por Luciano, que no lo soltó en ningún momento. También estaban sus padres, su hermana, su a