La llamada de Luciano había terminado hacía horas, pero todavía resonaba en la cabeza de Gabriele. Las palabras dulces, el tono tranquilizador, incluso la promesa de que todo este infierno que había vivido pronto sería solo un recuerdo… todo parecía tan real. Pero, aun así, su corazón no lograba aceptarlo.
La oscuridad del cuarto no le daba alivio. Cada vez que cerraba los ojos, imágenes que había reprimido durante semanas se colaban desde lo más profundo de su mente con garras afiladas: risas h