El amanecer traía consigo un día lleno de presión para la familia Di Lucca. Desde temprano, los teléfonos no paraban de sonar: mensajes, llamadas, y sobre todo, las redes sociales que se habían convertido en una avalancha de rumores y ataques mal intencionados. Gabriele trataba de mantenerse sereno, pero cada notificación que aparecía en la pantalla era como una puñalada en el corazón. Su nombre se había convertido en tendencia, y las palabras crueles le caían sin piedad. Los periodistas deambu