Fotografías para destruir
La tarde avanzaba con una tranquilidad que parecía casi falsa en la casa de los Di Lucca. Afuera, los periodistas ya se habían ido, después de que la policía pusiera la orden de restricción; en su lugar, solo quedaban algunos guardaespaldas en la entrada. Gabriele se había metido en su estudio, tratando de perderse entre pinceles y colores, buscando en la pintura una forma de reducir esa ansiedad que no le dejaba en paz. Luciano le había prometido que esa noche iría a verlo, y eso le daba cierto