Gabriele giró una vez más sobre la cama, dando vueltas y vueltas, sin poder dormir desde ayer, cuando Luciano se fue. No sabía qué estaba ocurriendo en Milán. Llamó a Luciano, pero sólo le dijo que lo contactaría más tarde. De repente, su teléfono vibró, y Gabriele casi lo soltó del miedo.
—¡Cariño! —susurró, con un tono cargado de preocupación.
—Hola, Bebé. ¿Estás despierto? —Preguntó Luciano.
—No he podido dormir desde que te fuiste. —Dijo Gabriele, acomodándose en la cama. — ¿Qué está pasand