El estuche de transporte de alta seguridad pesaba más de lo que sus dimensiones sugerían, no era un peso físico, era la gravedad moral de llevar el fantasma de mi padre encerrado en una matriz de cuarzo y grafeno. Sentada en el asiento trasero del todoterreno blindado, observaba cómo los pinos de las Adirondacks desfilaban como centinelas sombríos a través del cristal reforzado, el invierno se negaba a morir; una cellisca fina golpeaba el vehículo, creando un sonido metálico que erizaba los vel