El rugido de los motores del jet privado de Luna Corp se filtraba como un zumbido sordo a través del fuselaje reforzado. Afuera, la oscuridad del Atlántico era absoluta, rota solo por el destello intermitente de las luces de posición en las alas. Dentro, la cabina era un microcosmos de tensión y lujo funcional, El aire reciclado olía a café cargado, a cuero nuevo y a ese aroma metálico que desprende la tecnología cuando funciona al límite.
Me encontraba sentada en uno de los amplios sillones d