El frío de Svalbard no es algo que se pueda describir con números, No importa si el termómetro marca treinta o cuarenta grados bajo cero; es una presencia física que te muerde la piel a través de las capas de ropa y te congela los pensamientos antes de que logren salir de tu boca.
Estaba de pie en la rampa de carga de nuestro Hércules C-130 reforzado, observando cómo la ventisca devoraba la pista de aterrizaje de Longyearbyen, Llevaba puesto un traje térmico de expedición táctica, una maravill