La conversación se había vuelto un ring. Las palabras de Mike habían encendido un combustible que Rodrigo no estaba dispuesto a ignorar; la casa patronal vibraba con tensión, vasos tintineaban, y afuera el jardín permanecía en un silencio expectante.
—¿Crees que con imposiciones de millonario gringo en MI CASA, vas a resolver algo? —escupió Rodrigo, clavando la mirada en Mike—. Esto no es negociable. Ella es mi sangre.
—La sangre no da derecho a la fuerza —replicó Mike, con voz baja y cortante—