Esa noche Vicky no pudo dormir. La respiración calmada de Tory y el sonido del mar no hacían más que recordarle lo que había ocurrido unas horas atrás.
—Dios… soy una tonta. ¿Cómo puedo seguir pensando en él y querer algo?
Ese “algo” era lo que más la asustaba, porque Peter estaba casado, había otra mujer en su vida. Y no una mujer cualquiera, sino alguien que jamás los dejaría en paz.
—Definitivamente estoy loca —murmuró, cerrando los ojos e intentando calmar su ansiedad, apartar ese demonio