Después del almuerzo, algunos de los familiares comenzaron a levantarse para caminar por el jardín. Dimitri charlaba con su nieto y los gemelos, y la música clásica que sonaba en parlantes ocultos cambió a una melodía más suave, con un aire de vals. Fue ahí cuando Konstantin tomó la copa tomo un sorbo lago y luego la dejó sobre la mesa.
—Baila conmigo.
—¿Estás loco?
—Sí, por ti. Vamos, están todos mirando. Les encanta.
—No voy a hacerlo.
—¿No te das cuenta? Mientras más creíble parezca esto, má