Konstantin presionó la mandíbula, con los dedos enredados con firmeza en el cabello de Kira mientras sus caderas traicionaban su autocontrol.
No pensé que ella iría tan lejos, tan directo al centro de su orgullo, tan segura de sí misma. Pero ahí estaba… entregada, desafiante, comiéndola por completo y al mismo tiempo dulce veneno entre sus labios.
—Kira… —gruñó entre dientes, la voz ronca, casi rota.
Ella lo miró desde abajo, con esa chispa de travesura pintada en los ojos grises como si domina