Melani Fernández
Llegar a mi edificio suele ser el momento en que finalmente suelto los hombros, pero hoy los sentí más tensos que nunca. Mientras cruzaba el pequeño jardín de la entrada y saludaba al portero, tuve esa sensación punzante en la nuca. No era paranoia; era instinto.
Al cerrar la puerta tras de mí, no experimenté la liberación habitual. Dejé las llaves sobre la consola de la entrada y caminé hacia el ventanal que daba a la calle arbolada.
Había algo en el aire. Una vibraci