Aras Köksal
El brillo de la pantalla de la tablet era la única fuente de luz en mi despacho a las tres de la mañana. Pasé la última imagen con un movimiento lento del pulgar, sintiendo una punzada que no tenía nada que ver con los negocios. Ahí estaba ella, en la terraza de Mitte Karaköy, con un cóctel en la mano y una sonrisa que nunca me había dedicado a mí. A su lado, Sinan gesticulaba con la confianza de quien no carga con el peso de un apellido.
Sentí un nudo amargo. Yo le había habla