Un pequeño calendario en la recepción captó mi atención. El lujo del lugar casi me cegaba; era como si estuviera dentro de un palacio. A pesar de llevar años viviendo rodeada de opulencia, mi corazón seguía arraigado a los viñedos de mi infancia. Allí, con mi abuela, aprendí que la tierra no necesita brillar para ser valiosa.
El calendario marcaba la segunda semana del mes. Suspiré. Ya habían pasado dos semanas desde el incidente con Daylon. Dos semanas desde que le pedí el divorcio, desde que