Salí directo hacia mi auto, resignada. Sabía perfectamente que ya había decidido por mí: asiento de copiloto, sin discusión.
Me dejé caer con un bufido exagerado. Quería adrenalina, pero lo único que me estaba dando era migraña emocional: Félix, mi madre, y ahora Daylon con esa actitud posesiva que me sacaba de quicio… y al mismo tiempo me tenía pensando demasiado.
Desde la ventana abierta lo observé junto a Félix afuera de la tienda. Ambos encendieron un cigarrillo. Daylon lo fumaba lento, cas