Cuando era niña, odiaba la sensación de estar sola.
Aún no tengo claro en qué momento mi madre se volvió más obsesiva con controlarme, pero recuerdo que, con los años, mi abuela terminó siendo mi madre en todos los sentidos.
Ella me contaba cuentos antes de dormir, me arropaba con cuidado, cocinábamos galletas juntas, veíamos películas antiguas, salíamos a explorar los viñedos. Yo aprendía de ella.
Me cuidaba con una entrega tan natural que, sin darme cuenta, sembró en mí el instinto de querer