Llegué a la clínica de psiquiatría, perdida entre árboles y caminos que parecían eternos. Más que una clínica, parecía un refugio olvidado, un lugar donde el tiempo se detenía. El aire estaba cargado de un silencio extraño, y no podía comprender cómo los médicos podían existir aislados del mundo.
En la puerta, me encontré con Félix. Ambos respirábamos con dificultad, las manos temblorosas, los ojos buscando fuerza en el otro. Mi corazón latía tan rápido que temía que me fuera a explotar el pe