Mi abuelo, el respetado Yeon Min, fue el fundador de Min Wines, y junto a mi abuela, construyó uno de los viñedos más importantes del país. La historia era casi poética: sus padres eran amigos, sus hijos se casaron, y de ese amor nació una empresa legendaria. No solo cultivaban uvas, cultivaban legado.
Recuerdo verlos de niña y pensar que su amor era sacado de una película antigua—cariñosos, siempre cercanos, con una complicidad silenciosa que me hacía sentir a salvo. Hasta que, de pronto, se a