Desperté con la cabeza latiendo como si alguien estuviera tocando tambores adentro. No sabía si era por el insomnio o por tantas lágrimas… pero el resultado era el mismo: agotador.
Las sábanas pesaban como si estuvieran hechas de concreto. La luz atravesando mis párpados me obligó a rendirme. Fingir que dormía ya no tenía sentido.
Estiré el brazo, buscando el calor al otro lado de la cama...
Nada.
Abrí los ojos de golpe. El espacio a mi lado estaba intacto. Frío. Como si él nunca hubiera estado