Descendió primera por la escalerilla, erguida, con el porte entrenado de las vestales. El mármol romano no estaba bajo sus pies. El piso aquí era de concreto cálido, áspero, imperfecto. El murmullo del viento traía consigo un idioma distinto, un ritmo distinto, una historia que no le pertenecía.
En la base de la escalerilla los esperaba una comitiva. Dos soldados con uniformes ceremoniales, una mujer de túnica azul con una carpeta en la mano y un par de hombres vestidos con trajes sobrios. Entr