El comedor del cuartel estaba casi vacío. La mayoría de los guardias aún no regresaban del despliegue en el Foro, y los que sí, preferían el silencio. Logan se sirvió una bandeja simple: pan, queso curado y una taza de caldo. Se sentó en la esquina más alejada, cerca de una ventana abierta por donde entraba el aire fresco de la noche.Pietro apareció poco después, con paso cansado. Llevaba el uniforme desabrochado hasta el pecho y el rostro cubierto de sudor seco.
—¿Sobreviviste? —preguntó, dejá