Occia cruzó el corredor principal del templo y se dirigió hacia la sala del Pontifex Maximus. Había sido convocada esa mañana, sin explicaciones ni protocolo. No era extraño. En tiempos de tensión, el silencio solía ser la primera medida de precaución.
La Guardia custodiaba el acceso con la misma rigidez de siempre, pero había un peso en el aire. Uno que Occia reconocía de épocas anteriores, cuando el equilibrio entre poder civil, tradición religiosa y autoridad militar pendía de un hilo más fi