PUNTO DE VISTA DE SOPHIE
No pude concentrarme al día siguiente. Tenía el cuaderno abierto y el bolígrafo en la mano, pero lo único que escribí fue: su cajón. Esos juguetes. Las correas. El vibrador. Todo guardado bajo llave, esperando a alguien lo suficientemente valiente —o estúpido— como para pedirlos.
Yo.
La voz del profesor Hale era profunda y firme, cortando la clase como una hoja afilada, pero lo único que oía era la forma en que me había dicho: Mañana volverás.
Cuando terminó la clase, m