La indecisión pareció congelarla por un breve instante.
¿Seguir adelante o detenerse?
La vergüenza recién experimentada era como una quemadura ardiente. Las risas, los cuchicheos, podía casi oír todo de nuevo, pero ahora se adicionaba un malestar nuevo.
Nicolás.
Miró a su alrededor.
El estacionamiento subterráneo era como un laberinto, solitario y silencioso. Un lugar del que no podría escaparse tan fácilmente.
Sintió que su respiración podía incluso delatar su presencia y, justo ahora, que