—Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Liam, que los cumplas feliz. Que los vuelvas a cumplir, que los sigas cumpliendo, hasta el año tres mil —cantaron.
Los aplausos no tardaron en resonar en la casa, mientras el pequeño de tan solo cuatro años era abrazado por sus padres.
—Vamos, Liam. Sopla las velitas —le acercaron el pastel. Era una deliciosa torta de chocolate preparada por su madre, quien a pesar de no ser la mejor repostera, había puesto todo su empeño en hacer