La cocina se llenó del aroma cálido del puré de papas con zanahorias y calabacín, acompañado de pequeñas albóndigas de pavo cocidas al vapor, sin sal ni condimentos fuertes, especialmente pensadas para Liam.
Sofía observaba a Ismael en silencio. Era increíble la agilidad con la que servía los platos. Parecía que no solamente era bueno con el bisturí, sino también con algo tan mundano como esto.
—Para ti, pequeñín —colocó un platito especial para el niño, con pequeñas porciones bien separadas.