86. Foto atrevida
Rashel se miró al espejo una vez más.
Su vientre redondeado era imposible de ocultar, ocho meses, y cada día se sentía más pesada, más llena de vida.
Pero sus pechos...
Dios.
Eran los culpables del caos emocional que Valerik llevaba semanas arrastrando, parecía haber desarrollado un fetiche con sus senos.
Anastasya sentada en la cama, la observaba con una ceja arqueada.
—No quiero presionarte, pero si mi hermano descubre que planeas irte de compras en este estado... —chasqueó la lengua—. Va a ma