77. Fingiendo
Esa noche era cuando iba a hacerlo.
Satarah respiró profundamente captando el aroma masculino de Dimitry.
Su maldita criptonita.
Le encantaba su olor pero debía mantener la tranquilidad porque sino las cosas saldrían muy mal.
—Estás muy silenciosa —dijo él cuando salieron del ascensor.
—Estoy bien.
Dimitry la miró como si no le creyera absolutamente nada.
Comenzaron a bajar las escaleras y al tercer escalón hasta de llegar al suelo, Satarah se tropezó cayendo al suelo soltando un grito de dolor