68. Casualidad
Dimitry había llegado antes a la casa en un cambio de planes y vio el rostro de Satarah nada más al bajar del auto.
—Mierda, es bonita —susurró Rashel.
Su madre la riñó por la palabrota pero ella la ignoró mirando embelesada a su alrededor.
Satarah no estaba menos impresionada.
De hecho, el lugar se le hacía bastante familiar. El jardín estaba lleno de lirios de diferentes colores en especial el rosa que tanto le gustaba.
—¿No son parecidas a las flores que plantaste en el jardín de la casa,