64. Yo quería a ese bebé
Valerik caminaba a su lado en silencio, guiándola por uno de los pasillos menos transitados de la casa.
No soltaba su mano.
No lo haría, no después de lo que acababa de decir.
La posesividad que él sentía casi lo nubló.
Rashel iba a su ritmo pero el corazón le palpitaba tan fuerte que le dolía el pecho.
Él no decía nada, esperando.
Sabía que venía algo.
Lo sentía en la forma en que ella apretaba sus dedos, en su respiración entrecortada.
Se detuvieron junto a uno de los ventanales del ala