44. Una cita
Vasya sintió que el estómago le rugía con fuerza después de varias horas sin comer nada.
La rabia y la ansiedad le habían quitado el apetito durante la mayor parte del día pero ahora, en plena noche, el hambre la golpeaba sin piedad.
—Puedes ir a descansar, terminé con el trabajo —le dijo a la mujer que siempre la vigilaba.
—De acuerdo, señora.
Vasilisa salió dirigiéndose a la cocina.
La mansión estaba en silencio, así que se escabulló por los pasillos.
Llegó a la cocina y para su alivio estab