63. Me ama
Rashel tenía una sonrisa temblorosa, pequeña, incrédula… pero real.
Valerik la miró fijamente sin entender lo que le pasaba.
Rashel se acercó a él mientras las demás aún aplaudían cuando el baile terminó.
Se puso de puntillas, rozó su oído y le susurró un "gracias" tan suave que lo erizó. Luego se apartó con una sonrisa pequeña, pero viva, que le iluminó el rostro.
—¿Qué pasa, princesa? —murmuró.
—Está vivo, Valerik.
Él parpadeó.
—¿Qué…?
—Lo siento —susurró—. No sé cómo explicarlo…
Ella de r