62. Algo cambió
La conexión entre ellos era magnética, ninguno de los dos podía apartar los ojos del otro. Artyom y Yelena intercambiaron una mirada de padres que sabían perfectamente lo que estaban viendo. Que ya no era una niña, que había fuego en su pecho y amor en sus ojos. Y que el responsable de que volviera a brillar… era Valerik.
Él apartó un mechón de su cabello del rostro, tocando ligeramente su cara, ocasionando que ella se estremeciera y susurró una vez más solo para ella.
—Ve a bailar, princesa.
V